En el caso del salario informal, el Gobierno destaca una suba interanual del 75%, superior a la inflación. No obstante, analistas advierten que esta mejora es difícil de verificar en la práctica y podría explicarse por factores técnicos: rezagos en la medición, cambios metodológicos y mayor registro de ingresos. También inciden la menor inflación, cierta estabilidad en ingresos informales y el aumento del cuentapropismo.
El consumo es otro punto de tensión. Milei afirma que se encuentra en un “pico histórico” debido a cambios en los hábitos, con mayor peso del comercio electrónico. Sin embargo, los datos de consumo masivo muestran una caída del 6,1% interanual en marzo y dos años consecutivos de retracción. De los 27 meses de gestión, sólo en tres hubo mejoras marginales.
En materia de deuda, el Presidente calificó el endeudamiento como “inmoral” y aseguró que se redujo durante su gestión. No obstante, recientemente se habilitaron nuevas vías de financiamiento externo para afrontar vencimientos, además de emisiones de deuda, préstamos internacionales y mecanismos como los Bopreales, que trasladaron obligaciones privadas al sector público.
El contraste entre el discurso oficial y los indicadores económicos alimenta una grieta cada vez más profunda: la que separa el relato optimista del Gobierno de la experiencia concreta de salarios, empleo y consumo en la Argentina real.