Los especialistas advierten que la baja calidad de la dieta no se explica tanto por el exceso de productos poco saludables, sino por la falta de alimentos esenciales. La clave está en lo que falta, más que en lo que sobra.
Una alimentación equilibrada, remarcan, debe incluir variedad de verduras, frutas, legumbres, cereales integrales, lácteos, proteínas y grasas saludables, con un consumo limitado de productos altos en azúcares, sodio y grasas saturadas.
En este sentido, aumentar la presencia de alimentos de origen vegetal aparece como una de las principales deudas de la nutrición infantil en Argentina.
Alcances y límites de la solución
Los expertos destacan que mejorar el consumo de calcio a través de un alimento cotidiano como el yogur representa una oportunidad concreta para acompañar el crecimiento infantil, especialmente en un contexto donde conviven deficiencias nutricionales y problemas como la selectividad alimentaria.
Sin embargo, también advierten que esta estrategia no resuelve todos los déficits: nutrientes como la vitamina D no muestran mejoras equivalentes, lo que obliga a pensar en políticas y acciones más amplias.
Un cambio de enfoque en nutrición
El informe se inscribe en un cambio de paradigma que prioriza la calidad global de la dieta por sobre el análisis aislado de nutrientes. Este enfoque busca entender cómo los patrones alimentarios influyen en el desarrollo infantil y en la prevención de enfermedades a largo plazo.
En ese marco, el trabajo del CEPEA aporta evidencia clave: incorporar alimentos de alto valor nutricional, accesibles y culturalmente integrados —como el yogur— puede ser una herramienta eficaz para reducir brechas. Pero también deja en claro que el desafío de fondo es más amplio y requiere transformar los hábitos alimentarios en su conjunto.