Los segmentos más comprometidos son las tarjetas de crédito y los préstamos personales, mientras que los créditos prendarios e hipotecarios muestran menor nivel de mora, aunque también en alza. “Parte de la dificultad para que los préstamos se recuperen es que las tasas activas siguen siendo muy altas en términos reales, justamente por la elevada morosidad”, señala el informe.
En los primeros 17 días hábiles de mayo, la Tasa Nominal Anual (TNA) promedio de un préstamo personal bancario fue del 66,9%, apenas por debajo del 68,8% de enero. En paralelo, la tasa de REPO cayó del 39,3% al 20,3%.
Impacto en la economía
La consultora estima que el 26,7% de las personas con algún crédito en el sistema registra una situación irregular. Por eso, considera que “difícilmente el crédito a las familias pueda ser un motor relevante de la actividad económica, al menos hasta las elecciones del año próximo”.
El BCRA había señalado semanas atrás que los bancos empezaban a mostrar mejoras en el cumplimiento de pagos, aunque esos avances no se reflejan aún en los números. Además, la autoridad monetaria descartó utilizar fondos públicos para asistir a las familias afectadas, cerrando la puerta a subsidios específicos.
La persistente morosidad expone la fragilidad del financiamiento privado y refleja el desgaste económico de los hogares, en un contexto de pérdida de poder adquisitivo y consumo debilitado.