Las normas 66/2026 y 409/2026 establecen que el GNC se incorpora a la categoría de “demanda ininterrumpible”, con el mismo nivel de prioridad que los usuarios residenciales y los servicios esenciales. En la práctica, las estaciones con contratos firmes no podrán ser interrumpidas durante los picos de consumo, incluso en invierno.
Para sostener este esquema, las distribuidoras deberán contratar capacidad de transporte firme por un plazo mínimo de diez años, lo que aporta respaldo estructural de largo plazo.
Adaptación y costos
El ente regulador incorporó mecanismos de intercambio y desplazamiento con carácter firme para evitar conflictos derivados del nuevo flujo de gas. “Esto asegura que, aunque el gas ya no circule físicamente por las mismas rutas, las estaciones mantengan intacto su derecho contractual a recibir el volumen comprometido”, explicó Navas.
En cuanto a los precios, se prevé un impacto acotado en el surtidor, ya que transporte y distribución representan una porción limitada de la estructura tarifaria.
Perspectivas
El objetivo central de la normativa no está puesto en modificar tarifas de inmediato, sino en garantizar abastecimiento continuo y reglas claras. El sector espera que este giro estratégico aporte previsibilidad y sustentabilidad, protegiendo tanto la oferta como la continuidad del servicio para millones de usuarios en todo el país.