Las carnes rojas se convirtieron en el termómetro más crudo de la inflación. En abril, este rubro lideró los aumentos con un 5,87% mensual y acumula un alza del 27,31% en lo que va del año. En la comparación interanual, el incremento trepa al 60,42%, muy por encima del promedio de la canasta básica.
El kilo de asado, uno de los cortes más populares, cuesta hoy un 70% más que en abril de 2025. El impacto en el consumo es evidente: según la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de la Argentina (FADA), el consumo anual per cápita de carne vacuna cayó de 49,5 a 44,5 kilos en apenas un año, el nivel más bajo de la historia.
La pérdida de poder adquisitivo se refleja con claridad en los números oficiales de remuneración (RIPTE). En abril del año pasado, un salario promedio registrado alcanzaba para comprar 133,67 kilos de asado. Hoy, ese mismo sueldo actualizado solo permite adquirir 102,03 kilos. La diferencia es contundente: 31,64 kilos menos en un año.
Otros cortes también muestran retrocesos:
- Nalga para bifes: de 97,43 kilos a 78,93 kilos (18 kilos menos).
- Carne molida: de 155 kilos a 116 kilos.
La sustitución hacia otras proteínas es inevitable. Con el mismo salario, el consumo de pollo bajó de 449 a 429 kilos, mientras que el cerdo logró “empatar” la inflación: de 201 a 203 kilos de pechito en un año.
Argentina sigue siendo uno de los países con mayor consumo de proteína animal, pero la composición cambió. El asado y las milanesas, símbolos de la mesa nacional, se alejan cada vez más del bolsillo. Si los salarios continúan perdiendo frente a la inflación, el retroceso en el consumo de carne vacuna será aún más profundo, poniendo en riesgo un rasgo cultural que históricamente distinguió al país.