Uno de los puntos que más controversia generó fue la incorporación, en la etapa final del debate en el Senado, de una cláusula que habilita descuentos salariales en casos de enfermedad del trabajador. La modificación encendió alarmas incluso en sectores políticos que acompañaron en general la reforma y que ahora analizan introducir cambios en Diputados. Si eso ocurriera, el proyecto debería regresar a la Cámara alta para una segunda revisión, prolongando la disputa parlamentaria.
La CGT formalizó su rechazo “en su totalidad” mediante un documento interno en el que calificó la iniciativa como “regresiva y perjudicial para los trabajadores” y sostuvo que contradice la Constitución Nacional y los tratados internacionales con jerarquía constitucional. Más allá de la dureza del pronunciamiento, puertas adentro también existe debate sobre la estrategia. Tras los incidentes registrados en las inmediaciones del Congreso durante la sesión en el Senado, algunos dirigentes manifestaron cautela respecto a convocar nuevas movilizaciones masivas, ante el riesgo de que episodios de violencia sean utilizados políticamente para deslegitimar el reclamo.
En ese contexto, el dirigente sindical Cristian Jerónimo anticipó públicamente que “están dadas las condiciones para ir a un paro general” si el tratamiento en Diputados se concreta. Según afirmó, el malestar creció en las bases a medida que se comprendió el impacto real de la reforma en la vida cotidiana de los trabajadores. Desde la central sostienen que una eventual huelga tendría alta adhesión en todo el país y funcionaría como señal de rechazo no solo al contenido del proyecto, sino también al rumbo económico y político del Gobierno.
El escenario legislativo permanece abierto. Sectores del peronismo y bloques provinciales analizan modificaciones que podrían alterar el texto aprobado en el Senado. Mientras tanto, la CGT se mueve entre la presión de sus gremios más combativos y la necesidad de sostener liderazgo en un momento clave. El lunes será determinante para definir si la confrontación escala a un paro general que vuelva a paralizar el país y coloque la Reforma Laboral en el centro de una disputa que ya excede el Congreso y se instala de lleno en la calle.